
Desfibré mis ideales de movimiento, con cuidado, los fui dejando uno a uno, heridos y muertos, sobre el suelo. Me parecieron tan pequeños que sentí grandes deseos de llorar. Delante de mis credenciales rotos, me encontré arrojando migajas de nostalgia sobre la desolación y acuné, lo que en su día fue un destino y que ya hoy, teñido con algas y sal, lleva el solemne perfume a naufragio.
Incontenible deseo de ser agua, de llevarme todo lo que me une a este mundo decrépito, desprendo lo que en mí pesa hoy demasiado y abandono, no sin antes agradecerle, los minúsculos crustáceos de mi incallable alma.
El calibraje está a punto, las condiciones son casi las idóneas. Hoy desciendo al mundo para convertirme en lo que tanto he ansiado ser. El tiempo de oscuridad me ha abierto los ojos y el dolor, el frío, el miedo, la soledad... han merecido la pena.
Incontenible deseo de ser agua, de llevarme todo lo que me une a este mundo decrépito, desprendo lo que en mí pesa hoy demasiado y abandono, no sin antes agradecerle, los minúsculos crustáceos de mi incallable alma.
El calibraje está a punto, las condiciones son casi las idóneas. Hoy desciendo al mundo para convertirme en lo que tanto he ansiado ser. El tiempo de oscuridad me ha abierto los ojos y el dolor, el frío, el miedo, la soledad... han merecido la pena.
