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martes, 30 de junio de 2009

La Canción del Espantapájaros (091)




Preciosa.

sábado, 27 de junio de 2009

Secreto

"Ya no guardo secretos para ti.
Estoy compartiendo mis miedos contigo.

Eso sí,
no le digas a nadie que me has visto llorar.
No quiero que sepan el color de la tinta con la que escribe mi alma".

miércoles, 24 de junio de 2009

Metamorfosis de un sueño



“La vida nos cambia”. Eso pensaba en la cocina donde trabajaba, mientras barría la harina y colocaba el orégano en la estantería. Había sido un día duro dentro y fuera del trabajo.


Casi siempre callaba, para alejarse de ese lugar horrible. Planeaba, con los pies en el suelo, cómo salir de allí y cada día se daba más cuenta de que gracias a él, estaba volviendo a la vida.


Se trataba del punto de inflexión en su mala racha. Ahora sólo tocaba esforzarse para lograr el ansiado cambio. El tiempo parecía pasar demasiado despacio para ambos.


Ese día les habían dado las llaves de su nueva residencia. Él quería dejar el ruido y ella, todo el dolor.

martes, 16 de junio de 2009

16 de junio del 2009


Y me hallé en mitad de la noche en las puertas del templo. Un canto de mujer árabe procedente de una callejuela próxima, hizo entonces de banda sonora a mis pensamientos, mientras la suave brisa me mecía el pelo y la mirada. A deshora, trasnochadores pájaros cantaban en una plaza cercana y los barrenderos rompían levemente la paz de este entorno solitario.

Aquella noche llegué con la respiración algo alterada y el corazón sobresaltado. Ponía distancia física entre mis errores y mi cuerpo, por eso, caminé sola en busca de más soledad. No quería la presencia de extraños ni conocidos, por eso me alejé de las calles y plazas transitadas y tampoco avisé a nadie para vernos. No busqué relatar lo que me ocurría y rechazaba todas las oportunidades de contar con un amigo. No pretendía desahogarme, porque no me estaba ahogando. Aun con el agua al cuello, me sorprendo saliendo siempre a flote, aunque sea poco a poco.

No, aquella noche no era el momento de molestar a nadie con mis cosas. Era el momento de tener una seria conversación conmigo misma en un lugar en el que mi reflejo escapara al fin de espejo y me tomara de la mano, para hablarme y escucharme. Un lugar en el que al fin sintiera a mi yo individual, no sola, porque el suelo y los escalones de piedra sobre los que me hallaba sentada, los árboles y la solemnidad de aquella majestuosa construcción; hacían imposible que me sintiera sola y ¡ojo! que hablo del edificio, no de Dios.

Salpicados, pasaban ante mí unos pocos transeúntes que, ajenos a mi presencia, disfrutaban de una hermosa noche de primavera. La brisa traía un ligero aroma a lluvia, la misma que, momentos antes, me había mojado la cara pidiéndome que volviera a casa. No obstante, anhelaba poner tierra de por medio a mis errores, como ya he dicho antes, aunque no era mi intención acabar en aquél lugar. En realidad, quería relajarme en la cornisa de un parque cercano, pero esa noche, muchos otros eligieron también el mismo lugar para reunirse y beber y por eso, caminé sin rumbo fijo hasta terminar aquí, en la Catedral.

Un silbido intermitente al otro lado de la calle me distrajo de vez en cuando de mis anotaciones en la pequeña libreta negra. Al principio, me inquietó un poco pero luego, preferí pensar que procedía de la misma casa de la que se escuchaba cantar a aquella mujer árabe y eso, me tranquilizó mucho. Extrañamente, lo primero que hice nada más sentarme en aquellos fríos escalones fue un esbozo de lo que veía. Llevaba mucho tiempo sin dibujar y eso se apreció notablemente, pero me gustó intentarlo. Después empecé a relatar mi escapada y me divirtió ver la curiosidad que un extraño depositó en lo que yo estaba haciendo. No paró de observarme mientras caminaba despacio sobre el empedrado. Supongo que no hacía más que preguntarse qué demonios hacía sola una muchacha joven, sentada delante de la Catedral a más de las dos de la madrugada y qué estaría escribiendo en aquélla libreta pequeña. Yo tampoco sé muy bien por qué la cogí antes de salir de casa. Seguramente, para ver si así pasaba el tiempo más deprisa o quizás no...

No se distinguían las estrellas en el cielo y parecía que la leve lluvia no volvería aquella noche. Más tarde, comenzó a escucharse jaleo de gente y eso me invitaba a abandonar mi refugio. A fin de cuentas, no deseaba ver a nadie y mucho menos, escuchar su alboroto. Entonces, una figura sospechosa se escondía detrás de una esquina, bajo el andamio de una obra. Estaba segura de que se trataba de un hombre y también, de que me vio. Me dio la impresión de que se dirigía hacia donde yo estaba y que se ocultó para observarme. Es muy posible que no estuviera en buenas condiciones, posiblemente borracho o drogado, porque se tambaleaba. No obstante, yo le percibí como una amenaza y el hecho de que me observara desde las sombras, me hizo desconfiar todavía más. Así que, en cuanto comenzó a caminar hacia mí, guardé mi pequeña libreta y el bolígrafo en la mochila y me marché, sin mirarlo.

Me dirigí a casa por un camino diferente. Pasé junto a una pareja que se besaba en los escalones de la Catedral y también, al lado de los barrenderos que hacían bien su trabajo. Flanqueé la plaza en la que piaban los pájaros "nocturnos" y por otra, en donde ya habían apagado los chorros de su fuente central. Anduve por tenues calles desiertas con olor a orines, hasta que dí con la mía. En la puerta del edificio, los raperos que manejaban la tienda de abajo, hablaban de cosas a las que no presté la más mínima atención y ya en casa, tomé al silencio como mi única palabra y me reuní con Morfeo para enmendar mis errores.

Porque la vida sigue y hay que caminar hacia delante.

domingo, 7 de junio de 2009

El siguiente poema lo podeis encontrar en el segundo reto de poesía del Foro de Nuncajamás. Todavía están subiendo poemas y hasta dentro de varios días no comenzarán las votaciones. Si quieres participar, ahora es el momento, regístrate, participa con tu poema si has entrado antes del fin de plazo y vota. No hace falta haber participado en el reto para votar.

Las normas eran: estructura libre, máximo 40 versos y de tema, el tiempo.

Los demonios del otro lado del espejo

La estancia vacía contenía al silencio,
lo acariciaba como a un lobo
y en boca de nadie se oyó un lamento,
es demasiado tarde ahora
para asesinar al tiempo.

Las algas que cubren mi esquela
escupen fragmentos de vida que desprecié
y el demonio, que duerme en la alcoba,
me mira con sonrisa lasciva
a la espera de que lo golpee
y destroce mis nudillos
contra su ardiente pecho,
así él pueda lamer
en incandescente lava
mis gélidos senos.

Arrodillada,
como la calavera que adora al cuervo,
me postré, con los labios cosidos
y el cráneo taladrado,
sin sentir el óxido de los clavos
que desfiguraban mis ojos.
Fui a bailarle al miedo
y a provocar con mi desnudez
a los ángeles que custodian el Cielo
para así probar, desde el sexo,
la absurdidad de la fe.

Todo es una mota de polvo imperecedera
en el eterno exilio del olvido
en donde el espejo al fin muestra
su lado más peligroso, hiriente y maldito.
Demasiado tétrico para la cordura,
excelente, para enhebrar las agujas
que perforan el frágil tiempo de los hombres.

Sentada aquí, junto al reloj
y mi epitafio abandonado;
revelándome una vez más,
que ya todo, incluida yo,
está olvidado.

sábado, 6 de junio de 2009

Este cuento para niños pequeños es la propuesta que subí al tercer reto del Foro de Nuncajamás. Las normas, los demás textos y las votaciones, las podréis encontrar en el mismo sitio. Espero que os guste.

¡LOS GAMBUSINOS DEL ESPACIO!


¿Alguien sabe qué son los Gambusinos del Espacio? Pues son los habitantes de un planeta muy, muy lejano. Miden cerca de treinta centímetros de altura y se parecen mucho a los duendes que todos conocemos. Esta es la historia del viaje más divertido de dos gambusinos, unidos por su amor hacia cierta “culturilla” terrestre...


Bliskiwiskis cargaba las dos últimas bombonas de butano en los motores de su nave y es que su nave, que se llama “Olédemiarma”; funciona a butano. “¿Cómo es la nave?” Os estaréis preguntando. Pues tiene la forma de una enorme peineta de color amarillo con lunares negros. ¿A que es rara, eh? Resulta que Bliskiwiskis y su amigo Chimpapachín, la diseñaron así, porque adoran la copla española. Sí, como lo leéis, ellos tienen en sus casas montones de cosas de la Tierra y todas las compran en e-bay. ¿A que es curioso?


Bliskiwiskis miraba feliz el cartel que le había dado su amigo. ¡Al fin iban a ir a un festival de la Tierra! Pero no a un festival corriente, no; sino al festival ¡más maravilloso del mundo! En él iban a actuar las estrellas: Bertín Osborne, Falete, La Pantoja y María del Monte. Diréis “¡vaya bodrio!” Pero es que a nuestros amiguitos les encantan.


Salieron de la estación espacial y emprendieron el viaje, cuando al fin apareció Chimpapachín, tarde como de costumbre –y con el consecuente cabreo y bronca de Bliskiwiskis, que no soportaba la impuntualidad de su amigo-. Iba a ser un viaje muy largo, unos 1578 años terrestres, para que os hagáis una idea. Así que llevaban un montón de comida y juegos para no aburrirse.


Jugaban horas y horas. Reían y contaban historias y cuando no, cada uno se iba a una esquina a refunfuñar, porque siempre era el otro, el cabezota de los dos. Así pasaron buena parte del viaje, pero irremediablemente, llegó el aburrimiento.


Chimpapachín, que se aburría más que en una clase de matemáticas, decidió ponerse el delantal y comenzó a limpiar la nave; mientras que Bliskiwiskis, sacaba sus cigarrillos –comprados en e-bay, por supuesto-. Al instante, su amigo le empezó a regañar porque odiaba el tabaco –que es muy malo para los pulmones- y porque Bliskiwiskis no había cogido el cenicero del Fary que, con tanto cariño, Chimpapachín le había regalado en su cumpleaños. Discutieron y Chimpapachín se marchó a su compartimento descolgando sin querer, la cortina verde de guitarritas flamencas, que tenían en la sala de mandos. Chimpapachín estaba muy enfadado y no quería hablar con Bliskiwiskis. Bliskiwiskis estaba también enfadado, porque su amigo siempre se quejaba de las cosas que a él le gustaba hacer. Pero no podían dejar de ser amigos ahora que se dirigían al mejor festival del mundo. Así que Bliskiwiskis decidió hacer un gran sacrificio. Sacó la tele y la colección de videos que a Chimpapachín tanto le gustaban. Preparó palomitas y puso el volumen muy alto, para que su amigo la escuchara. Al poco, Chimpapachín vino a espiarle y Bliskiwiskis le hizo una señal con la mano para que le acompañase.


Las vacaciones en Sierra Nevada con los esquís, el teleférico y el pánico a las alturas de Bliskiwiskis. La colección completa de Cine de Barrio y Gran hermano, con la que lloraron de emoción el resto del camino... Así fue como Bliskiwiskis y Chimpapachín se olvidaron de que estaban enfadados e hicieron las paces.


Y es que, amiguitos, lo más importante en el Universo, es la amistad.


Por cierto, se lo pasaron bomba en el festival. Pero esa es otra historia que contaremos otro día.


¡Hasta pronto, amiguitos!


Inventé a estos personajes con 14 años cuando tanteaba cómo escribir una novela de ficción y suspense que ha día de hoy no he terminado (y eso que la he escrito y re-escrito muchísimas veces). No hace falta decir que los Gambusinos eran los personajes que le quitaban hierro al asunto.


Algún día escribiré un libro que trate sólo de los Gambusinos y que por supuesto, será completamente de humor para quedarse con el buen rollito y tener una visión más positiva del mundo, que falta nos hace.


viernes, 5 de junio de 2009

LA MAE QUE LO PARIÓ!!!!!!!

Doña Elvira que no tiene culpa de ná, pero bueeeeeno! ¿Esto qué es? Copón con el niño! Que se atreve hasta con salsa!!!! Y mira que no enterarme de esto antes..... Andrés Cabas y Los Orishas. Qué wevos tiene! (Es la segunda)

Y que hay más!



martes, 2 de junio de 2009

El siguiente poema lo podrás encontrar dentro del primer reto de poesía del Foro de Nuncajamás. Espero que os guste.


Cenizas

El camino empezó a retorcerse,
así como se retuercen las vísceras.
Erupciones constantes de sangre
transformaron la oscuridad en tinieblas.

Después de mucho varar las ramas,
de saltarse, con esfuerzo, las normas;
de derramar el vino sobre el cuerpo de una madre,
de profanar lo sagrado que fue inalcanzable.

Desnutridas las palabras de amor,
como el vaso de plástico
que se derrite en la chimenea.
Abrazando una esperanza maltratada.
Dolor, sólo se trata de dolor.

Del color púrpura que ahoga mis mejillas,
de esa ausencia infestada de cuervos,
de aquél vacío en la madrugada,
del desasosiego que quiebra mi cuerpo.

Amanecer sin la cruz de mirarte a los ojos,
de besar tus labios, de oler tu pelo.
Amanecer entre los despechos de los ecos
que dejamos en las tenues esquinas
del que fue nuestro hogar maldito.

Sentir que aun es de noche
y perseguir tu recuerdo.
Sentir como buitres devoran
lo que un día fue tan nuestro
y que ya hoy, hoy son sólo
cenizas al viento.